17 junio, 2011

El Rey Mendigo

Un rey muy bondadoso, que no tenía hijos envió a colocar un anuncio en todo el reino: “CUALQUIER JOVEN QUE TENGA LOS REQUISITOS EXIGIDOS PUEDE ASPIRAR A SUCESOR AL TRONO. LOS REQUISITOS SON: 1.AMAR A DIOS Y 2. AMAR AL PROJIMO”.

Muy lejos de ahí, un joven se interesó en el anuncio, pues amaba a Dios y a sus vecinos. Sólo que era tan pobre que no tenía vestimentas dignas para presentarse ante el rey, ni los fondos necesarios para tan largo viaje hacia el castillo.

Pero no se rindió. Trabajó mucho, ahorró al máximo y luego pudo comprar algo de ropas finas y emprendió el viaje, luego de haber enviado una carta al rey solicitando una entrevista con él.

Siete días después, habiendo agotado casi todo su dinero y ya en las puertas de la ciudad se acercó a un pobre mendigo que tiritaba de frío. Imploraba con una débil voz y los brazos extendidos: -Estoy hambriento y tengo frío, por favor, ayúdeme.

El joven quedó tan conmovido, que de inmediato se quitó sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del mendigo. También le dio parte de sus alimentos.

Más adelante, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: -¡Mis niños tienen hambre y no tengo trabajo!

Sin pensarlo, nuestro amigo quitó un anillo y la cadena de oro y junto con el resto de las provisiones se los entregó. Entonces, lentamente, continuó hacia el castillo vestido con harapos y sin provisiones para regresar a su aldea.

Al llegar  al castillo, fue  encaminaminado hacia la Sala del Trono.

El joven se inclinó ante el monarca. Pero al levantar los ojos nuevamente se quedó atónito y boquiabierto dijo: -¡Usted ... usted es el mendigo!

En ese instante entró una criada con dos niños trayéndole agua al cansado viajero. Su sorpresa fue también mayúscula: -Ustedes también estaban en la puerta de la ciudad!

-Sí -replicó el soberano con un guiño- yo era ese mendigo, y mi esposa y mis dos sobrinos también estuvieron allí.

-Pero ... pe ... pero ... ¡usted es el rey! ¿Por qué hizo eso? Tartamudeó tragando saliva, después de ganar un poco de confianza.

-Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas. ¡Tú serás mi heredero! -sentenció el rey- ¡Tú heredarás mi reino!

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