21 julio, 2011

Un poco de helado para el alma

Una historia sobre cómo los corazones inocentes perdonan fácilmente


La semana pasada una mujer llevó a sus niños a comer a un restaurante. Su hijo de seis años preguntó si podía bendecir la mesa antes de comer. El niño dijo:

"Dios es bueno, Dios es grande. Te doy gracias por los alimentos que vamos a comer y te agradecería aún más si es que mamá nos da helado como postre. Y que haya libertad y justicia para todos. Amén".

Junto con algunas risas que provenían de las mesas de a lado, se escuchó a una mujer decir: "Eso es lo malo de este país. Los niños de hoy ni siquiera saben cómo rezar. Preguntarle a Dios por un helado. Que tontería".

Al escuchar tan duro comentario, el niño rompió a llorar y preguntó si es que había hecho algo malo y si Dios estaría molesto con él. Su madre lo abrazó y le secó sus lágrimas diciéndole que había hecho un magnífico trabajo y que Dios de ninguna manera estaría molesto con él.

Luego de estas palabras un anciano se aproximó a la mesa. Le hizo un pequeño guiño a su hijo y le dijo:

- "Estoy seguro que a Dios le gustó mucho tu oración".

- ¿En verdad?, respondió el niño.

- Totalmente seguro. Luego en susurros le dijo: "Es lamentable que ella –señalando a la mujer con el dedo- nunca le pida a Dios por un helado. A veces, un poco de helado es bueno para las almas".

Naturalmente la madre del niño compró helados para el postre. Luego de terminar su helado, su hijo se quedó un poco pensativo e hizo algo inolvidable. Sirvió un poco de helado en uno de los platos y sin decir nada lo llevó a la señora que anteriormente se había burlado de su modo de oración. 

Con una gran sonrisa él le dijo: "Esto es para Ud. A veces, el helado es bueno para las almas y la mía ya tuvo suficiente".


1 comentario:

Dr. Leiron Uviera dijo...

Que hermoso mensaje nos deja esa historia, mostrándonos que hasta para las cosas sencillas, Dios es muy importante, y que hay que saber perdonar, especialmente a los que se burlan de uno, pero con un corazón sencillo y humilde como el del niño.